P.J. HARVEY

 

 

 

(…) Dijeron, “hurry up!” “who the hell is this guy?” Serguei no entendía nada. Estaba muy lejos. Y asustado.

 

 

 

Esa chica caminaba con sus botas negras de tacón alto. Me pregunto cómo se llaman ese tipo de botas, me refiero a esas que cubren parte de la pantorrilla ¿sabes? Botas relucientes tan negras, negras, negras botas de caminar por la ciudad camino a algún club de moda, o de comprar cosas que no se necesitan, o de ir a abofetear a un hombre tras llamarle hijo de la gran puta.  

Esa chica alta, delgada, algo desgarbada, caminaba contorneando sus caderas. Su larga cabellera negra estaba recogida en un complicado peinado y sus ojos negros repartían miradas circunstanciales aquí y allá, sin fijarse en nada en concreto. No se por qué sentía fascinación por esa chica, pues no deseo demasiado a las mujeres. Tampoco se puede decir que deseé a todos los hombres. Mi deseo es circunstancial y casi enteramente fisiológico, como el hambre, la sed o la necesidad de cagar.

Por lo que sé las botas de aquella chica podrían ser de cuero negro, o de charol. Tan relucientes… pienso entonces que no pueden ser de cuero. Son de lo que hagan las botas, que se yo. Esa chica caminaba por el paisaje urbano de una gran ciudad, mientras hacía un play back. Se llamaba P. J. Harvey y me pregunto sobre sus iniciales.

Paulina Jorowosky

Paca Julia

Penélope Juana

 

                      Mensaje recibido:

 

                      “Hi, I think I can´t make it tonite. I hope we meet next week. Bye, good night”

 

Recuerdo la última vez que me encontré con ese chico. Querría contar sobre el sexo con ese chico y la verdad es que me aburre, por eso me pongo a contar sobre un video musical de P.J. Harvey y sobre la extraña fascinación que me producen sus botas. ¿Seré un fetichista sin saberlo?

 

Digo que me aburre terriblemente el sexo, pero es tan contradictorio… Se que pienso así por que me acabo de hacer una paja viendo un video porno, y que la necesidad fisiológica volverá más tarde. El sexo, el ritual de acercarse, tocar, acariciar, chupar, penetrar, ser penetrado, jadear como un perro.

 

No querer. Pero no querer… ¿qué? Fuera está lloviendo, y por ahora no quiero incorporarme a la sonora fatalidad de las palabras. Pero tampoco era esto lo que quería contar. Pongamos que no quiero contar nada.

 

Silencio

 

 

 

Hubo una noche

De silencio que dolía.

De un recuerdo que hizo menguar la luna

 

De sal en la herida

De silencio.

De silencio.

 

 Hubo una noche

De constelaciones

Y de espinas desnudas....

 

 

 

....pero ahora busco mi silencio

desoyendo de esta forma el palpitar de mis vísceras

que no saben nada de lo que realmente quiero.

makes me wanna die

 "Follow where Mary goes
Cherish the things she knows
Says if I change my stride
Then I'll fly
She makes me wanna die
Change my stride
Then I'll fly
Look to the sun
See me in psychic pollution
Walking on the moon
How could you dare?
Who do you think you are?
You're insignificant
A small piece, an ism
No more no less
You try to learn the universe
Can't even converse in human verse
You know its ironic smoking hydroponic
She makes me wanna die
Change my stride
Then I'll fly
She makes me wanna die"

 

 

 

Tricky, "Makes me wanna die" (Pre-Millennium Tension)

Domingo

Paisaje dominical con algo de resaca: La cocina huele a podrido.

Desde aquí tan sólo veo la nuca del tipo que rumia la mañana perezosamente, entre las sábanas de mi cama. Deambulo por la casa, en bolas, entre el desorden de ropa. De cosas tiradas por el suelo, de condones usados, de libros y revistas, de casetes de videos porno. A la cocina (al fondo, a mano izquierda) Mirar por la ventana de la cocina, beber un poco de concentrado de naranja. Rascarse los huevos. Bostezar.

Recuerdo que la noche anterior  aquella era otra ventana diferente y la luna giraba ahí fuera, esparciendo motas microscópicas de polvo lunar en los tejados y en las ramas de los árboles desnudos. Polvo escarchado, desde la distancia y el vacío del espacio... digamos intergaláctico. Vacío ciego, sordo y mudo, como... No sé como, ojalá fuese capaz de poner alguna metáfora pero mi mente sigue embotada. Desvío la mirada hacia el oeste, el sol no calienta nada y los árboles siguen desnudos. Como yo, más o menos.

Si, la noche anterior aquella era otra ventana diferente, había luces en el cielo y eran las arañas que tejen los hilos noctámbulos de nuestra estrafalaria locura, de nuestro patético deseo. El suelo estaba cubierto de escarcha. Momentos antes había resbalado en esa misma escarcha, cuando caminaba por la calle en compañía de ese tipo, y casi me había partido la crisma. El se había reído, o hecho alguna mueca estúpida, el so gilipoyas.

Alguien está orinando en el piso de arriba. Hace días que debería haber hecho algo de limpieza. La lluvia del día anterior ha ensuciado los cristales.

Pienso en cosas que se desvanecen muy despacio, el retrato robot de Serguei...Mientras, de fondo, oigo el ruido de la puerta de mi casa, que se abre y luego se cierra con un portazo seco.

La libertad

Llegar a casa, quitarte los pantalones y tirarlos a cualquier parte.

Al suelo, o sobre la cama desecha

o encima de la tele.

Mear con la puerta abierta del water

Ir a la nevera y beber a morro de la botella de refresco

Rascarse los huevos tranquilamente

Mirar por la ventana y no ver nada.

 

 

 

El asesino

Aquella noche me sentía cómodo en mi piel. Había nostalgia por todo lo que había sentido y catalogado como, por ejemplo: estado de felicidad transitoria, o sinceridad o tristeza de invierno. También por todo lo que quería, por todo lo que una vez esperé de la raza humana.  Le puse música y me puse a tararear mi banda sonora original, sin dejar que las notas calasen del todo hacia dentro.

 Por aquel entonces no tenía miedo. Ni siquiera a la soledad, pues conocía los lugares donde satisfacer mi deseo y la forma (aproximada) de mantener  una cómoda distancia, la habilidad de trazar las líneas que no se deben cruzar. Sabía de los rituales necesarios para complacerme de un modo eficaz. En general los rituales nunca varían demasiado de un sitio a otro.

Me encaminé hacia mi cita, no recuerdo su nombre y tampoco tengo demasiado interés en hacerlo. Recuerdo unas palabras sueltas por teléfono:

 

“Wanna fuck me? Do you wanna fuck me?”

                      “Yes, I will fuck u to the guts”

                      “Ok, but You’ll suck my cock. You will suck it all”

                     

                      Había un paso de cebra que no respeté, un aparcamiento donde me detuve un momento a mear, un bloque de pisos que reflejaba la antigua riqueza comercial de la ciudad, igual que muchos edificios alrededor y que no me decía nada en absoluto. Un papel arrugado en mi bolsillo, un número que correspondía a un código. Un pasillo iluminado por un sistema que detecta el movimiento. Una puerta entornada, un recibidor donde hay que dejar siempre los zapatos, un corredor, una habitación al final del corredor. Había ventanas con las persianas subidas, abiertas al fresco de la primavera. Estaba ese chico sentado en una butaca. Digo que no quiero ventanas abiertas. Voy hacia la cocina y me sirvo un vaso de agua.

 

Había un cuenco de arroz seco y unas manos que se deslizaban por mi cintura, hacia mi vientre, más abajo. Sé que hubo un momento en el que me hubiese  gustado cambiar de opinión al respecto. Me refiero al sentido de las apariencias. O básicamente al mero hecho de estar allí con ese chico. Dije, “oh dear” algunas veces, cuando cerraba los ojos. Me gustaría no pensar en ti como lo hago.

 

Pensé: Apestas.

 

En mi cabeza había un crepitar de insectos amarillos y una casa de madera ardiendo mientras Bill Pullman se arrastraba por el suelo tras haberse transmutado, de una persona a otra, de un lugar a otro, pero manteniendo… el alma, creo… o el karma cósmico, o la ropa interior. No queda claro, por mucho que vuelvas a verlo. A veces no sé muy bien qué hacer con lo que se me pasa por la cabeza mientras follo con un chico, por eso se me hace tan difícil correrme. Trato de concentrarme, me digo: seguro que a la próxima paja te acuerdas de esto, así que abro los ojos y trato de memorizar cada detalle como si fuese una película o algo parecido que luego pueda rebobinar y visualizar tranquilamente en casa cuando me espatarre cómodamente en mi cama y me masturbe. Pero la concentración me dura poco.

La imagen era: Una cabaña en llamas de la que antes había salido aquel enano, tenía un aspecto tan siniestro... A David Lynch le encantan esos personajes, siempre saca enanos. Como en Twin peaks y otras tantas películas. Una cabaña en llamas… pero el frío era tan intenso que no arde bien, la humareda era sofocante. Necesito aire, pensé, necesito respirar, me estoy ahogando. No debería haber cerrado las putas ventanas. Tuve que parar en medio de la faena por que me estaba sofocando de toda la mierda que se me pasaba por la cabeza, sacarme el condón y abrir la ventana. Aquel tipo se quedó tal cual, a cuatro patas, como un perro dócil. Ni siquiera sabía hacer una mamada en condiciones y cuando le daba por culo gemía dócilmente como…. no sé como. Le empiezo a dar más vueltas a la cabeza, ideas, cosas. Pensé que merecía morir, aplicando la misma lógica que hace caer las hojas secas al suelo para que se pudran y vuelva a nacer una nueva brizna de hierba en la siguiente estación… Lo peor de todo es que empecé a elucubrarlo en serio: nadie sabía que estaba allí, nadie tiene… ni puta idea de que he estado allí, estoy seguro que ese tío no conocía ni mi nombre. Tan solo sería necesario dar con... dónde tendría apuntado el número de mi móvil. Pero aún así, ni siquiera tengo registrado el número a mi nombre. Tendría que borrar las huellas. Pero que yo sepa, mis huellas digitales no están registradas en ninguna parte. O si lo están es en España... Da igual, nunca darían conmigo si lo hiciese limpiamente…

¿Y como acabar con una vida humana? Nada de sangre...

 

Salí asqueado de aquella casa y me metí en el primer tranvía nocturno que pasaba por la glorieta sin saber a dónde me llevaba. Lo único que quería era alejarme de aquel lugar, o más bien de aquel sentimiento de frustrada cobardía que me acompañaba por no haber sido capaz de cometer un crimen y sin embargo… ¿no le había fulminado al fin y al cabo? asesinato en primer grado, confabulado y cometido… borrado de mi vida deliberadamente, un cadáver más. O un cadáver menos, y al fin y al cabo, ¿no soy yo mismo también un cadáver… más? Los viajeros de aquel tranvía parecían conocer mi historial delictivo y no mostraban compasión alguna, me miraban de una forma siniestra. A esas horas de la noche la mayoría de la gente que viaja en tranvía suelen ser jóvenes y ruidosos, chavales que vuelven a casa después de una noche de juerga y alcohol. Pero aquella gente no era así. Surcábamos las calles en silencio, siguiendo las vías que se adentraban en la oscuridad, vías que se bifurcan y entrecruzan con otras más hasta confundirse en una maraña de hierros confusos. Cuando llegamos al final de la línea tuve que bajarme. No sabía dónde estaba, miré al nombre de la estación y no me sonaba de nada. Así que me senté a esperar el siguiente tranvía (que era el mismo en el que había llegado) y fue entonces cuando vi su retrato robot en la marquesina. No había nadie, los viajeros habían tomado cada uno un camino diferente pero de alguna forma sospechaba que se mantenían observándome, ocultos entre las sombras.

 

Se trataba de un hombre de edad madura, complexión robusta, ancho de mandíbulas. Su rostro no muestra expresividad alguna, sólo una mirada sombría dirigida hacia algún sitio. Lleva el pelo corto, casi rapado. Buscado por la policía. Sospechoso de asesinato.

Así conocí su rostro. Y también su nombre, rotulado en letras sombreadas. Serguei. Un asesino sin remordimientos, un desalmado que posiblemente era capaz de matar a su amante tras abrir las ventanas para respirar y refrescarse en el frío aire primaveral.

infidelidad

Querido mio, te he sido infiel por primera vez desde hace 3 años. No me lo tomes a mal, te sigo queriendo.

No me dejas otra alternativa que quererte.

Outsider

Había una vez una ciudad que estaba lejos de todas partes. Me gustaría hablar de la distancia que había entre esa ciudad y el resto del mundo. Pero de acuerdo con la normativa vigente, (me refiero a mi propia y ciega disciplina), no me es posible hablar de algo tan abstracto, pues la distancia no era realmente fisica, de tantos km, de tantas millas, de tantos años luz. No, la distancia era una propiedad intrínseca, algo que pertenecía a la propia ciudad.

 

En aquella ciudad el cielo era casi siempre gris, el sol se dibujaba a veces entre la bruma del norte, aunque el mar seguía igualmente gris y calmado. Nunca he visto un mar tan empantanado como este, tan débil y pobre de oleaje, tan lleno de frías medusas.

 

 ( No hay quien navegue en un mar así)

 

De forma que aquella ciudad los botes estaban todos hundidos en el fondo, hundidos en sus puertos antes de salir a navegar.

En aquella ciudad los pájaros vuelan confusos de un lado a otro con sus buches llenos a rebosar de insectos muertos.

Yo era poco consciente de todo esto, como no podría ser de otro modo, de una forma íntima y profundamente silente, pero por desgracia no tan eficaz como para no reparar a veces. En esos raros momentos, levantaba mi vista del suelo y observaba los cables del tendido del tranvía.

Aquella ciudad hizo de mi un ser descosido, ridículo, cauterizado, exagerado en mi nostalgia de telenovela barata.

 

motherfucker

“You, dirty motherfucker

                      drive me into

the darkness

                

Make it hard

                                             & Extreme

 

You, dirty cock sucker

                      protect me

From all this strange

 

 death

death gathering around

death Like moon dust

death,

 protect me

From the universal freedom

From the latex-peace

Protect and

                      Fuck me”

 

 

Africa

Vivo atrapado. Sin embargo no soy del todo desgraciado y hoy sopla un viento raro...

Vamos a ponerlo de otra forma: soy un esclavo de mis propias circunstancias. Vivo totalmente doblegado por otra persona a la que quizá amo, o a la que posiblemente acepto como una obligación. Sin embargo no soy del todo desgraciado y hoy de nuevo hace un calor afixiante. Dicen, los vientos de Africa que transportan la arena del desierto, los hedores de la miseria, los cayucos y las pateras llenos de seres humanos sedientos.

Sed de otra vida, de la vida que les cuentan. De la vida que ven por la tele. De la vida que contemplan en revistas mugrientas.

Sed, a secas. Cualquiera de ellos se pondría en mi lugar sin dudarlo.

 

Santiago Auserón cantaba:

 

 

    "En África hay vientos que abrasan
    y vientos que secan la mente
    también hay corrientes que hielan
    y brumas que desatan pasiones.
    El mismo aire que fecunda la selva
    entierra ciudades en polvo."

 

Vamos a ponerlo de otra forma: vivo atrapado pero debería ser absolutamente feliz por las cosas que poseo, por vivir en el mundo civilizado (poner comillas la próxima vez que escriba civilizado), por mi gato, por mi familia que habita a varios centenares de km de distancia, por la divina providencia, por el Papa de Roma.

 

Prometo sonreir más.

 

 


 

 

 

La extraña muerte

 

En un fondo de pantalla vede claro aparecieron los primeros mensajes, así nació el hombre elektrico.

 

En aquellos tiempos me recreaba en mi propia codicia de vivir al límite. Pensaba en espirales arcoiris y en el ácido dexosirribonucleico. Las noches eran eternas y la ciudad me sodomizaba dulcemente; boca arriba, a cuatro patas, de perfil.

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